viernes, 5 de abril de 2013

Todo el monte es orégano

Este país es increíble. Acabamos de subir al autobús de Queenstown a Christchurch y, después de 10 minutos, el tío que esta sentado a nuestro lado ya nos ha dado el teléfono y nos ha dicho que si volvemos por ahí nos hospeda en su casa. Aquí la gente es así, simpática por naturaleza. Si te ven perdidos, se acercan voluntariamente a ayudarte, siempre sonrientes, siempre agradecidos y con muy buenas maneras. Sólo me he encontrado de momento a un antipático y (¡sorpresa!) resultó que era británico. Pero el caso es que yo ni siquiera puedo escuchar a nuestro amigo John (así se llama) porque estoy impresionado mirando el paisaje. Montañas con los picos nevados (con razón hacía tanto frío ayer) al pie de un lago con el agua de un azul como nunca he visto. Distintos tonos de verde y amarillo (que, a fin de cuentas, estamos en otoño) que se entremezclan en las montañas y en los campos de una manera impresionante, y todo salpicado de puntos blancos, marrones y negros, que son las vacas y ovejas (en hordas de cientos y cientos, por algo se calcula que hay nueve ovejas por cada persona) que pastan a su antojo. Con todo este terreno inexplorado de quien más me acuerdo es de Rey, y pienso en la cantidad de piedras que podría tirarle y la cantidad de kilómetros que le haría correr.

Tenemos que subir a lo largo de la región de Otago para llegar a Canterbury, y primero atravesamos los viñedos donde, según dicen, se cría el mejor 'pinot noir' del mundo. Pasamos también por Mount Cook, donde se juntan dos lagos que soy incapaz de pronunciar, pero el paisaje es espectacular. Aquí tengo que volver si es que finalmente nos compramos un vehículo. ¡Y el arco iris! De verdad que este país hace algo con los colores que ríete tú de cualquier filtro de Instagram.

Es cierto que la magia del paisaje se enturbia un poco por las ocho horas de espera que nos aguardan en el aeropuerto de Christchurch. La idea era dormir todo el camino pero, ¿quién querría perderse esta maravilla? Perdonad que las fotos no hagan justicia, es todo lo que puedo hacer a través de la ventanilla del minibus en movimiento, especialmente con este conductor que se debe haber propuesto batir algún tipo de récord personal (me imagino a mi padre cruzándoselo en la carretera y diciéndole: ¡Tú, Fitipaldi! ¿Dónde vas?).

En fin, disfrutemos del paisaje, que ya está oscureciendo y ahora empieza la segunda parte: las estrellas. Nunca en mi vida he visto una cosa igual. Todo, todo el cielo cubierto de estrellas que, obviamente, no había visto nunca antes. De todos los tamaños, más brillantes y menos, pero de una manera espectacular.

Debemos estar llegando, ya estamos en Christchurch. Según he leído, esta ciudad sufrió un terremoto hace un par de años (no sé cuántos exactamente), pero por lo que veo desde aquí nadie lo diría. De momento es lo más parecido a una ciudad que hemos pasado hasta ahora. Los muy cachondos le han puesto de nombre a la compañía de autobús "METRO", así pueden decir que tienen 'underground' como las grandes urbes. No he podido dormir nada por el Carlos Sainz de pacotilla, así que todo apunta que me espera una larga noche. Ya veremos. #SeguiremosInformando.















1 comentario:

  1. Las fotos son impresionantes primo, eres muy privilegiado. Expectante a lo que haras next.
    #Waiting

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