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Después de una semana deambulando por Asia, me voy acostumbrando a este nuevo mundo. He tenido que empezar esta entrada de cero, porque las primeras impresiones no fueron demasiado positivas. Pero es cuestión de cambiar el chip, darte cuenta de que, efectivamente, esto es otro rollo, que los parámetros son distintos (aquí olvídate, no solo de reciclar, si no de encontrar una papelera por la calle), y que hay una barrera tanto cultural como lingüística que te va a traer más de una situación cómica cada día. Lo peor es el calor, que es como un día cualquiera en Valencia, porque en realidad de temperatura no hemos subido de 35 grados, pero con una humedad del 90% que te hace sudar desde antes de salir de la ducha. Horror. Y lo mejor, los precios, comiendo por 1,50€ (con bebida incluida) y durmiendo por 6€ (con aire acondicionado, wifi y piscina).
Después de pasar unas horas en Bangkok para encontrarme con Andrea, mi nuevo compañero de viaje durante estas tres semanas (dos restantes), cogimos el avión de camino a Hanoi. Y muchas colas y varios esfuerzos después, conseguimos que nos aprobaran el visado (45 USD a tocateja) y ya estábamos dentro. En teoría teníamos que encontrarnos también con Tatty, pero como estamos en pleno agosto los vuelos estaban llenos y al final me quedé sin ver a mi azafata dubaití. Pero todo se andará, my friend, nos veremos en algún lugar antes de terminar mi aventura. Lo primero que descubrí al salir del aeropuerto, es que el tráfico en la capital vietnamita es una locura. No hay ceda el paso, no hay stops, y los semáforos son solo orientativos. El truco está en pitar constantemente para que los demás se quiten de tu camino. Se puede adelantar por la derecha y por la izquierda, entrar en contra dirección,… la ley de la jungla. Incluso para cruzar la calle como peatón, hay que aventurarse entre los millares de motos que recorren la ciudad desde las 7 de la mañana y ya se encargarán ellos de esquivarte, no problem. Llegamos al hotel después de 35 kms (que nos costaron una hora de recorrer), y allí mismo reservamos las excursiones para toda la semana. En principio pensábamos que nos habían timado, porque fuimos a comparar precios y encontramos ofertas por la mitad de precio, pero nos aseguraron que era una cuestión de calidad, y después de escuchar los terroríficos testimonios de gente que había elegido la opción más barata (cucarachas como puños, poca comida y habitaciones sin aire acondicionado, que aquí equivale a vivir en mi buhardilla en verano), hemos tenido mucha suerte.
Recorrimos un poco el Barrio Antiguo de Hanoi, con el Templo de la Literatura, la Tumba de Ho Chi Minh y las cuatro cosas que la Lonely Planet dice que no hay que perderse por aquí, y por la falta de sueño acumulada de los últimos días, decidimos hacerlo corto porque nos esperaba una semana bastante movidita.
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| Mi primera comida vietnamita / My first Vietnamese meal |
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| El templo de la literatura / The Temple of Literature |
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| Mausoleo de Ho Chi Minh / Ho Chi Minh Mausoleum |
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| Vietnam |
La primera excursión fue un crucero de dos días y una noche para recorrer la Bahía de Halong (esta vez sí, una de las siete maravillas del mundo natural, que, aunque yo la encuentro mucho más impresionante, la Gran Barrera de Coral es solo una de las finalistas). Aunque la encontré demasiado, demasiado, demasiado turística, porque hay literalmente mil barcos que van haciendo exactamente las mismas paradas, he de reconocer que es preciosa. Tras el viaje en autobús, nos recogió una barca pequeña (que se ponía en marcha, como es normal, frotando un destornillador con un enchufe) que nos llevó hasta el Elizabeth Cruise. Después de instalarnos y conocernos todos (éramos 18), una abundante comida vietnamita (¡pero qué deliciosa es la cocina en este país!), el barco nos llevó a la Cueva Impresionante, bautizada así por tres originales señoras francesas que la descubrieron en 1903. La cueva sería mucho más impresionante sin los millones de personas que te rodean (incluyendo un grupo de catalanes que encontraron a la única vietnamita capaz de hablar catalán), una piscifactoría de turistas. Además esto está plagado de españoles, se ve que Vietnam está de moda (y, total, como aquí el inglés no te sirve de nada, pues aquí se han venido todos). Pero las tres salas en que se divide, con las imágenes que se adivinan (o se intuyen o se imaginan, según el caso) formadas por las rocas y, sobre todo, las vistas que la rodean, merecen la pena. De ahí nos llevaron a una playa artificial que han creado en uno de los islotes, donde los mismos turistas nos volvimos a encontrar (tiene guasa que, de 1696 islotes, se les haya ocurrido crear UNA playa en una de ellas). Imaginaos el mediterráneo en su día más turbio, pues el agua estaba más verde aún. Pero nos dio igual, después de la caminata por la cueva y los 420 escalones que nos llevaron hasta el mirador, se agradeció igual el baño en el agua, por mucho que fuese una sopa. Regresamos al barco para asistir a una clase de cocina, para aprender a hacer rollitos vietnamitas con papel de arroz, que después nos sirvieron en la cena (en serio, espectacular la comida de aquí). Y como entretenimiento de la noche, karaoke. Aunque nos habían prometido que íbamos al barco de 'la gente joven y las chicas guapas', estábamos rodeados de dos familias (una de franceses y una de indonesios) y tres parejas relativamente jóvenes (una hongkonesa, una japonesa y dos amigas chinas a las que jamás escuché hablar) y dos parejas de ancianos italo-franceses que hay que darles de comer aparte. Pero el karaoke fue divertido, la gente joven resultó ser muy simpática y entre cervezas incluso me atreví con un par de canciones de Frank Sinatra. Olé qué arte. Decidimos saltarnos la clase de Tai Chi a las 6.30 de la mañana del día siguiente porque estaba diluviando, pero cuando amanecimos a las 7 ya estaba despejado, porque aquí el tiempo funciona así, así que desayunamos y la misma barca nos llevó hasta un conjunto de casas flotantes donde nos dejaron un kayac para explorar la bahía por nuestra cuenta. Y después, a comer, al autobús, y de vuelta a Hanoi.
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| Primera parada: Trampa turística mortal / First stop: Tourist death trap |
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| Entrada a la Cueva Impresionante / Entrance to the Amazing Cave |
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| Una de las figuras que se intuye... / One of the images to be seen on the rocks... |
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| Un dragón / A dragon |
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| Las vistas desde la cueva / The view from the cave |
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| Halong Bay |
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| Unos cuantos barcos / Quite a few boats |
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| Desde el barco / From the boat |
Esa misma noche cogimos el tren nocturno directo a Sapa, donde llegamos a las 5 de la mañana para una excursión de tres noches y dos días. Menos mal que yo puedo dormir en cualquier sitio, porque los dos días en Sapa consistían en hacer caminatas de 15 kms el primer día y 7 el segundo, para visitar los campos de arroz, los pueblos tradicionales de H'mong y Tzu y mi primera cascada asiática. Nuestra guía, una H'mong negra llamada Ly, con un inglés admirable teniendo en cuenta que lo ha aprendido de oído, se encargó de llevarnos a través del barro con seguridad, contándonos historias que no sé si conseguimos entender (esto es como mi abuela: entre lo que oigo y lo que me invento, me monto la historia yo solo) acompañados de las que yo pensaba que eran sus simpáticas amigas que nos acompañaban en el camino para hablar con nosotros, pero que resultaron ser, como todos por aquí, vendedoras ambulantes que no aceptan un 'no, thank you' por respuesta. Pero es mi parte favorita hasta ahora y no podría estar más contento con la guía. Me dio su teléfono (¡y su facebook!), así que si alguno de vosotros tiene pensado venir a Vietnam, podéis concertar la visita directamente con ella que será más barato y así ella podrá cobrar más de los 4 dólares miserables que las agencias de por aquí le dan por todo el día de trabajo. Y, después de otra noche de tren, volvimos a Hanoi, esta vez sin mis gafas, que es una pérdida importante. Menos mal que hice caso a mi sabio amigo Marc y me traje mi antiguo par, con el que ahora más o menos me veo.
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| Nuestra guía (4º por la derecha) y sus amigas / Our guide (4th on the right) and her friends |
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| Sapa |
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| Mi primera cascada asiática / My first Asian waterfall |
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| Ly is the best |
Y la última excursión fue a Tam Cok, que aunque suene obsceno significa 'las tres cuevas', esta vez en un tour de un día. De nuevo más de dos horas de autobús (para hacer menos de 100 kms) para primero visitar un templo en honor del rey de Vietnam (y una historia que no me quedó muy clara de la reina, que lo envenenó, a él y a su primogénito para luego pasar a ser rey un chico de 6 años que tuvo con el jefe de la guardia real o un culebrón de ese tipo), otra comida apoteósica y, después, un paseo en barca de hora y media donde una chica de 18 años que remaba con los pies nos llevó a través de las susodichas cuevas. Todo esto con un calor abrasador y una humedad del 200%. Por lo menos. Lo más repugnante de este viaje fue el americano de unos 70 años que venía acompañado de su "amiga" tailandesa que debía tener alrededor de 15. La que me espera en Tailandia.
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| Unicornio vietnamita / Vietnamese unicorn |
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| Prostitución infantil |
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| ¡Mira cómo rema con los pies! / Look at her rowing with her feet! |
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| La entrada a la primera cueva / The entrance to the first cave |
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| ¡Todos a remar! / Everybody rows! |
Y anoche, por fin, volvimos a Hanoi para ver lo que nos quedaba de la ciudad, con una guía muy especial. Porque el mundo es un pañuelo y la hermana de una amiga está viviendo por aquí (que también son ganas, digo yo) en un trabajo muy bien, eso sí, y nos llevó a cenar a un sitio espectacular (con un servicio impresionante) donde los tres cenamos, un poco caro, por 15€. Y luego fuimos a tomar unas copas por el centro - al lado de la catedral, muy vietnamita todo - y terminamos la noche en una antigua fábrica abandonada donde han montado tres o cuatro bares con música en directo. Una noche redonda que tuvimos que terminar pronto porque hoy nos esperaba el madrugón para venir al aeropuerto a coger un avión y saltarnos el centro de Vietnam y continuar directamente en Danang, desde donde iremos a Hoi An y otros nombres que soy incapaz de recordar.
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| Catedral en el centro de Hanoi / Cathedral in the centre of Hanoi |
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| ¡Música en vivo! / Live music! |
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| Nuestra guía particular ;) / Our own private guide |
Hoy hace una semana que salí de Australia, y todavía no me acostumbro a dónde estoy. La Gran Carretera Oceánica, con canguros (que casi nos causan un accidente), koalas y ballenas, kilómetros y kilómetros de playa con olas enormes que albergan el campeonato mundial de surf, partidas de billar y jerez con limón, fue el colofón final a un país del que no he podido recorrer ni la mitad, pero que creo que no se podía haber exprimido más en dos meses. Me alegré mucho de volver a ver a Max, y el viaje con él no defraudó esta vez tampoco.
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| ¡Koala! |
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| Las escaleras de Gibson |
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| Los Doce Apóstoles (Que son 7) / The 12th Apostles (that are in fact 7) |
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| La otra cara de los 12 Apóstoles: millones de chinos / The other side of the 12th Apostles: one million Chinese |
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| La cueva relámpago / Thunder cave |
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| Ballenas, o lo que pude sacar con mi móvil / Whales, or what I could get with my phone |
Hoy hace una semana que salí de Australia y a la vez hace 5 meses que salí de España. Y, aunque con esto de las nuevas tecnologías os siento más cerca, a veces (solo a veces) os echo mucho de menos - pero luego me compro una cerveza de medio litro por 0,51€ y se me pasa jaja. Por aquí, con Andrea las cosas van bien. No sé si leísteis mi entrada anterior, que creo que no porque tiene como 8 visitas, pero ha pasado mucho tiempo y efectivamente tenemos que volvernos a conocer. 7 años son muchos y los dos hemos cambiado, pero no hemos discutido, que ya es mucho (aunque me da que todo llegará) y, aunque somos viajeros distintos y buscamos cosas diferentes, yo ya tendré tiempo de salir, beber (el rollo de siempre) y conocer gente cuando esté solo en Tailandia. Tampoco parece que Vietnam tenga tanto que ofrecer en ese aspecto, de todas maneras.
Escribo con total libertad porque no me paro a pensar en quién leerá esto, desde el principio me lo he planteado como una manera de teneros más cerca, de poder enseñaros las cosas que voy viviendo sin tener que preocuparme de escribir un millón de emails individuales y sin tener que escuchar que "es que no sé nada de ti". Pero hace unos días me enteré de que me lee alguien que no me esperaba. Se me hace un poco raro pensar que así es como nos vamos a conocer, porque aunque aún me acuerdo de aquél 22 de febrero en que fuimos a recibirla al hospital, su padre tomó la decisión de dejar de ser familia nuestra por alguna razón que todavía no entiendo. Una rabieta, si me preguntas a mí, y una decisión muy madura retirarle la palabra a un niño de 14 años, como tenía yo entonces. Pero no estamos aquí para remover el pasado, y aunque sé que sigo sin tener tío (por decisión mía ahora, y porque necesitaría una explicación que sé que no voy a recibir), me alegro de recuperar una prima. Y una tía, ahora que se puede. Y, si le apetece, espero que podamos conocernos cuando vuelva por aquellas tierras.
A todos los demás, los que seguís leyendo desde el principio, y los que me ojeáis de vez en cuando, los que solo miráis las fotos, y los que me decís que sí pero luego os cuento las cosas y no tenéis ni idea de qué hablo: muchas gracias. Aunque es cierto que no estaría de más que me dedicarais unas palabras de vez en cuando, que para eso están los comentarios (o los emails, o el whatsapp, o el skype, ¡si será por opciones! ). La próxima vez que estéis aburridos u os vayáis a sentar en el baño, en vez de abrir el Candy Crush, pensad en mí y escribidme un par de líneas, que siempre hace ilusión saber de vosotros.
Y, como siempre, no os olvidéis de donar :)
Un abrazo desde el futuro (aunque un poquito menos),