Este hostal es muy extraño. Un día más, antes de las nueve y ya estoy cenado y en mi habitación, aunque la verdad es que estoy cansado de estar caminando todo el día por ahí. Voy a empezar diciendo que Melbourne es mejor de lo que parece en un principio, y tengo que retractarme de mis palabras. Sigo pensando que Sídney es mejor, pero entiendo que es una cosa subjetiva y que habrá (que los hay) quien prefiera Melbourne. Y mola, solo tienes que saber dónde ir. Mañana me voy a recorrer la Gran Carretera Oceánica (¡KOALAS!) con Max (como supongo que con tanto nombre no sabréis quién es, podéis leer más aquí), para volver el sábado por la noche; y el domingo ya, por fin, partir rumbo a Asia. Y, cuanto más se acerca la fecha, más ganas tengo de cambiar de continente. Entre lo caro que resulta todo y el frío (que aquí abajo es igual o peor que Nueva Zelanda), I'M DONE. Vámonos (ándale, ándale). He cambiado de opinión respecto a la ciudad porque sí he conocido a gente: conocí a Simone, una azafata aérea que espero me pueda ayudar a conseguir vuelos económicos, y conocí a Jon y a sus amigos, no sé muy bien cómo pero acabamos yéndonos de fiesta un día cualquiera. Pero todo eso ha sido fuera del hostal. Día tras día volvía al hostal, entraba en la cocina o en la sala de televisión a cocinar o a tomar un café, o a pasearme para ver si entablaba conversación con alguien, y día tras días me volvía a mi habitación pensando que debía oler mal o algo. Y, teniendo en cuenta que cuando empecé el viaje salí de casa con la idea de ser una persona aburrida, estas cosas no me hacen ningún bien. Pero no. Me niego a pensar que es cosa mía. Va a hacer 5 meses que estoy deambulando por el hemisferio sur, y hasta ahora no he tenido problemas. Viajando con Vale o viajando solo, no he estado solo más tiempo del que he querido. Porque en los hostales SIEMPRE se conoce gente. Pero en este, no. Excepto en mi habitación, donde mañana nos mudamos todos, y sin haber hecho gran amistad con nadie, por lo menos he tenido conversaciones de más de dos frases. ¡Incluso fui a tomar unas cervezas con el canadiense! Que no, que no es cosa mía. Definitivamente, no. Es este hostal, es esta gente. Mucha marihuana, que debería facilitar la conversación, pero poca interacción (y encima no comparten, así sí que no, ¿eh?).
En cualquier caso, y aunque la experiencia en Melbourne haya tenido sus más y sus menos (sus más siendo el fin de semana primero - véase post anterior - y sus menos siendo el hostal, la lluvia y el frío), estoy muy contento de haber recorrido Oceanía, o parte. Sigo esperando poder volver a Nueva Zelanda, porque me gustaría sobre todo ver Auckland y la península de Northland cuando haga mejor tiempo, y volver a Wellington, y acercarme a Abel Tasman y… bueno, tengo una lista bastante larga de lugares que tuve que dejar para mi siguiente visita. Y no me importaría volver a Australia; me quedaría una temporada en Sídney porque como ya os dije me sentí como en casa instantáneamente y aún me queda mucho por ver, pero desde ahí me iría hacia el interior, a ver el Outback, con los canguros rojos que todavía no he visto, para llegar hasta Uluru, y de ahí habría que volar a Perth, o a Darwin, o a Broome. No hay tanto que visitar en la costa oeste, pero es esa soledad la que por una parte me atrae. Pero si tuviera que elegir, y aunque dejo más gente en Australia de la que dejé en Nueva Zelanda, preferiría volver allí que volver aquí.
Es curioso cómo la gente que se cruza en tu camino, por muy hondo que calen y por poco (o mucho) tiempo que podáis compartir, despedirse de alguien con quien has viajado, te has acostado, has salido o lo que sea que hayas compartido, siempre es una mezcla entre alegre y triste. Y cuanto mayor es la distancia más pronunciado es ese sentimiento agridulce, porque aunque la vida da muchas vueltas y el mundo es un pañuelo (y otros tópicos), no deja de ser el otro lado del mundo. Y me encantaría volver por aquí, pero no creo que sea posible a corto ni medio plazo. Y a largo, ¿quién me dice que las cosas no se hayan enfriado, que no nos habremos distanciado o incluso se haya roto todo contacto? Aunque pienso lo mismo sobre la gente que está en casa: ¿quién nos dice que, cuando vuelva, seguiremos teniendo algo en común? Estos días no paro de pensar en cómo continúan las cosas pese a que yo no esté por allí, que es algo obvio pero que a veces uno se olvida. Si a mí esta experiencia me está cambiando, me está enseñando y me está definiendo, espero y supongo que a vosotros os estará pasando algo parecido. La vida da palos y alegrías estés dónde estés, aunque parezca que todo sigue igual y las cosas no cambian. En fin, si algo he aprendido es que es mejor no adelantar acontecimientos y esperar a ver cómo vienen las cosas. ¡Yo, que tantas listas y tantos planes solía hacer! Creo que es mejor no planificar demasiado las cosas, para poder ser un poco espontáneo y adaptarte a las cosas que se crucen en tu camino. Así que, ya veremos. Si, cuando vuelva, las cosas se han enfriado y vuestros novios/as y vuestras nuevas vidas os han absorbido tanto que no tenemos nada de qué hablar, si veo que nuestros caminos son demasiado distintos, sabremos que ha llegado el momento de decir aquello de 'fue bonito mientras duró'. Hace algunos días me preguntaba si, el conocer gente y despedirte constantemente, el ver cómo van y vienen te hace más frío e indiferente, pero si me paro a pensarlo creo que así es como tiene que ser. La gente que quieres ver, la gente que quiere verte, esa gente no va a faltar. Y el resto, sanguijuelas, trepas, amigos que una vez fueron o pretendieron ser, esos no van a tener espacio en mi vida. ¿Para qué? Ya está bien de falsedades y estirar relaciones durante años porque compartimos la guardería o fuimos scouts o fuimos juntos a la universidad. Las etapas de la vida se acaban, y la gente evoluciona, avanza y cambia. Podremos cambiar juntos, y también lo hará nuestra relación, o podemos cambiar separados, y sin ningún rencor seguiremos caminos distintos. Esa es la parte más difícil. El que no ha sido dejado, no lo sabe. Pero, al final, es mejor. No todos, pero la mayoría de cambios son buenos, solo hay que saber adaptarse. Y lo mismo pasa al contrario, esas personas de las que la vida me ha separado, sin rencores, sin enfados, y de las que me acuerdo sin venir a cuento. Pero si es cierto que 'man trifft sich immer zwei mal im Leben' (el dicho alemán aquél que dice algo así como 'la gente se encuentra siempre dos veces en la vida', espero que nos volvamos a cruzar antes o después. Y que sepamos comportarnos como lo que somos: antiguos amigos de nuevo desconocidos. Y que volvamos a conocernos y, llegado el caso, a querernos.
Me pongo filosófico cuando lo único que quería cerrar un capítulo. Oceanía: check. Y, cuando ponga un pie en Asia, ya podré decir que he estado en 5 continentes (me falta Antártica, pero si estoy pasando frío aquí…). A partir de ahora me adentro en un camino totalmente distinto, totalmente desconocido (in extremis, dada mi ignorancia tanto geográfica como histórica del continente asiático en general) y, lo mejor de todo, sin planear. Las primeras tres semanas me servirán para adaptarme a esta nueva etapa, en la que por suerte estaré acompañado de Andrea (¿conocéis a mi amigo el italiano?) para recorrer Vietnam y Cambodia - y, aunque brevemente, también de mi azafata preferida - pero después (según mis cálculos exactamente a partir del día de mi cumpleaños, gracias) continuaré solo por Tailandia. Y después, si me quedan fondos (que no creo porque Australia me ha destrozado, ya veremos - en serio, ¿por qué nadie dona?) espero poder reencontrarme con mi Visco, para empezar alguna aventura por Asia. O poder ir a China o Japón o bien volver a Nueva Zelanda, o volar a Rusia y recorrer Europa en furgoneta (¿eh, Alaba?) de camino a casa. Según mis cálculos estoy en el ecuador de mi viaje, y todavía no me puedo creer que haya pasado tanto tiempo. ¡Han pasado casi 4 meses desde que estábamos en la granja! ¡Llevo casi dos meses en Australia! Lo que más me gustaría, sobre todo en días así y en sitios como este, es poder aparecer por allí e irme de cervezas con vosotros (¿siguen los montaditos y las pintas a 1€ los miércoles? ¡VIVA ESPAÑA!), ir a la playa y quemarme, pisar La3 y no acordarme al día siguiente ni de haber sacado dinero, pasar una tarde o una noche de paseo con Rey y poder volver por aquí abajo. O por otros lares, la cuestión es seguir descubriendo lugares, conociendo personas, y viviendo diferentes experiencias. Da igual dónde.
Pero ya habrá tiempo para eso, home will always be home y ya tendremos tiempo de ponernos al día. Me despido una mezcla entre nervioso, emocionado y triste. Las cosas han venido así, así que ¡a disfrutar de la limonada! Y, de momento, a disfrutar de mis últimos días, a recorrer la mejor carretera del país y una de las mejores del mundo (la Lonely Planet a veces es que se pasa de exagerada, así que ya veremos, sobre todo si tenemos algo de suerte con el tiempo) y a cerrar un ciclo: empecé recorriendo el norte de la isla norte con Max, y termino con él recorriendo la parte más al sur de Australia. Poético.
Volveré el sábado pero no sé si tendré internet, si podré colgar esto antes de irme o si podré siquiera hablar con mi madre, con quien hace semanas que no tengo una conversación decente y creo que meses que no nos vemos las caras. Y la vida continúa, y yo sigo volando y cambiando de país, viviendo una experiencia única mayoritariamente positiva. Al 95%, que es un buen porcentaje. Y dejo atrás personas increíbles a las que espero poder volver a ver, lugares increíbles a los que espero poder volver, y echo de menos mi casa, mi tierra y mi gente.
Un beso a todos desde el futuro (hoy sí que lo digo).
Os quiere,
Luis
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
No hay comentarios:
Publicar un comentario