lunes, 29 de julio de 2013

21 noches y 2415 kms


Parecía que no, pero hemos conseguido hacer de nuestra JUCY un lugar acogedor, y las tres semanas han pasado volando. Como era de esperar, después de tanto tiempo juntos en un espacio tan pequeño, hemos tenido nuestros roces, pero digamos que con casi todos espero seguir en contacto en el futuro (brothers from another mother!). Ahora mismo estamos saliendo de Cape Tribulation y tenemos 4 horas para llegar a Cairns; después, un día para hacer snorkel en la Gran Barrera de Coral y el miércoles volar a Melbourne, donde pasaré tres semanas antes de despedirme de Oceanía y empezar con Asia. Si tengo suerte, quizá incluso me encuentre con mi hermano por estos lares, aunque esa parte todavía no está muy clara. 

Después de Brisbane llegamos a la que ha sido mi parte favorita de este viaje: Fraser Island, la mayor isla de arena del mundo. Con bosques tropicales (?) y kilómetros y kilómetros de arena, lagos de azul turquesa y otros de azul oscuro creados por agua estancada de la lluvia, a la isla solo se puede acceder en 4x4. Así que alquilamos uno y pasamos allí dos días y una noche. Conducir literalmente por la orilla del mar, esquivando los dingos, atravesando arroyos y cruzando dunas de arena fue una de las mejores experiencia que he tenido hasta ahora (puenting aparte, por supuesto). Y, aunque casi volcamos en un momento dado (recordad, niños, no aceleréis por la arena seca), mereció la pena el gasto extra y recorrer los casi 200 kms que llevan hasta el extremo norte donde están las piscinas de champán, con el agua más azul que he visto hasta ahora y esculpidas en roca, con peces tropicales nadando entre nuestros pies. 

Llegada a Fraser Island

Nuestro 4WD
Qué gozada conducir por la playa
Precaución amigo conductor
Lake Wabby

Champagne pools 
This is life
Cría de ballena muerta... not so cool.

Después de ver una cría de ballena muerta y los restos de un naufragio de los años 30, abandonamos la isla para seguir hacia Bundaberg, que resultó ser una patraña de lugar donde, aparte de la destilería de ron del mismo nombre y una buena zona de camping gratuito, no hay nada más que hacer. Y continuamos hacia Rockhampton, capital de Australia de ternera; es decir, miles de cowboys y paletos con escopeta donde dormimos en un aparcamiento que resultó ser el punto de encuentro de las prostitutas de la zona. Moving on. Pero después, por fin, llegamos a Airlie Beach, y a la costa de Whitsunday, un pueblo pequeño pero muy turístico, muy bonito, con calas pequeñas por todas partes, a pocos metros de un parque natural. Nos pusieron una multa la primera noche por dormir donde no debíamos (como ya había avisado yo), así que, aunque jodido por la multa, sonreía mientras decía entre dientes eso de "i told you so". Y, para las otras dos noches, nos fuimos a un backpackers, que, con la caravana, nos costaba 5 dólares por persona, y siempre es de agradecer poder ir a un wáter de verdad y darse una ducha caliente de buena mañana. Si es que no me hacen caso. Sam decidió apuntarse a un crucero de dos días y una noche por las islas, pero para el resto costaba demasiado dinero, así que nos quedamos en las playas de alrededor, yo me animé a hacer un par de rutas de un par de horas para ver cocodrilos, ualabíes y ornitorrincos (todavía ningún koala), y aprovechamos para ir a la playa (donde, por supuesto, me quemé).

Ron Bundaberg con Bundaberg Ginger Beer en Bundaberg  
Una parada para comer, en cualquier lugar 
Airlie Beach! 
The coolest guy

Un sitio precioso para nadar
Las islas Whitsunday desde el mirador
Resumen de la ruta
Dingo beach (ahí me quemé yo) 
Dingo beach
Y al tercer día, continuamos nuestro camino hacia Townsville, que pese a tener nombre de cuchitril resultó ser una ciudad muy agradable, capital mundial del cáncer de piel (gran eslogan), nos animamos a subir los 1315 escalones que llevan hasta el mirador desde donde se puede ver toda la ciudad. La siguiente parada fue Ingham, donde la cerveza nos ayudó a apreciar el lugar. Nuestra conductora eligió, muy sabiamente, aparcar junto a la vía del tren, así que teniendo en cuenta que en nuestro ático la pared es una lona impermeable, se escuchaba el tracatrá del tren cada hora. Una gran noche. Seh. Y después de ver la cascada más grande de Australia (bastante impresionante) seguimos conduciendo con la intención de llegar a Mission Beach, un enclave magnífico rodeado de 65 playas preciosas de arena blanca y donde abundan los casuarios, unos pájaros tamaño avestruz pero con cabeza azul y cuello morado. Suena bien, ¿eh? Solo que tal cual entramos en el pueblo empezó a diluviar, así que ni pájaros, ni playa, ni nada. Por suerte, había otra furgoneta como la nuestra aparcada junto al centro de información, con cuatro chavales (dos alemanes, una francesa y una holandesa) como nosotros pero viajando en dirección opuesta y que acababan de empezar su viaje (criaturitas). Así que en un impulso decidimos escapar de la tormenta y pasar la noche juntos en una de las áreas de descanso gratuitas de la zona, y sacamos nuestros cartones de vino, nuestras sillas de acampada y fue de agradecer poder interactuar con cuatro personas diferentes por una noche. La locura se alargó hasta casi las once y media, así que al día siguiente nos levantamos un poco más tarde de lo habitual y nos adentramos al outback australiano (la parte interior) donde, con suerte, podremos ver canguros rojos [como te prometí, A., no para tu cumple pero tendrás tu foto ;)] y alguno de los casuarios que aunque se anuncian por todas partes, todavía no hemos conseguido ver. Nada, no hubo suerte. Pero sí encontramos varias cascadas y un paisaje sobrecogedor. Y se agradece cambiar la costa por la selva aunque sea durante un rato. Seguimos subiendo por el interior y llegamos a Port Douglas, un pueblo costero de pijos donde todo es más caro y los resorts sustituyen a los backpackers que tanta falta nos hacen.

Capital Mundial del Cáncer de PIel 
Magnetic Island al fondo
Las vistas desde el mirador
1315 escalones después...
A nadar!
¡La cascada más alta de Australia!

Información sobre la cascada


Cascadas
Encontramos un camping para caravanas bastante bien de precio (¡y con internet incluido!) y, como mi madre estaba demasiado ocupada para hablar conmigo, pude utilizar los 50 megas en ponerme al día con un gran amigo. Y fue entonces cuando me di cuenta de que estoy demasiado desconectado de España, aunque esa era la idea. Llevo más de 4 meses viajando y es la primera vez que consigo ponerme al día con alguien. Deberíamos cambiar eso. A partir del miércoles estaré por fin en un mismo sitio durante casi tres semanas, así que si alguien quiere concertar una cita (por la diferencia horaria, que si no quedamos es poco probable que coincidamos) estaré conectado en skype (invisible, por supuesto). 


La última parada del viaje, como os decía al principio, fue Cape Tribulation, un parque nacional al que solo se puede acceder en ferry (aunque solo dure 90 segundos) y donde una carretera de unos 40 kms va dando paso a espectaculares playas de arena blanca rodeadas de selva tropical, con swimming holes (piscinas naturales), mucha fauna y espectaculares vistas por doquier. Encontramos un camping con muy buen ambiente, sacamos el champán para celebrar el final del viaje, y esta mañana a las 7 estábamos en pie para hacer un par de rutas más y llegar a la punta más al norte, desde donde, en teoría, íbamos a poder ver ballenas, tortugas y demás. Pues bien, no hemos tenido esa suerte, pero la ruta en sí ha merecido la pena (y para que yo diga que ha merecido la pena levantarse antes de las 7, tiene que ser muy bonito).

Port Douglas

Entrada a Cape Tribulation (Patrimonio de la Humanidad, y con razón)

Los 4 fantásticos en nuestro último día

Más verde no se puede

¡Piscina natural!

¿Se ve la cuerda? 
Una playa en medio de la jungla 
Paseo matutino
Playa y montaña en uno
Esto de viajar con desconocidos ha sido una experiencia muy positiva, aunque es una lotería y podría haber salido mucho peor, pero (como todo en este viaje) me ayuda a superar barreras, conocerme a mí mismo (para poder describirte a los demás) y ser mucho más transigente en el trato con los demás, aparte de superar mi "TOC" y conseguir mantener cara de poker cuando alguien dice la mayor chorrada. Y a morderme la lengua cuando podría desencadenar una discusión.

Con suerte, mientras esté en Melbourne podré recorrer la Great Ocean Road, y quién sabe si organizar un viaje de última hora para poder ver Uluru y el centro de Australia, que es otro mundo, o eso he oído. Como siempre, planes poco definidos que siempre terminan siendo los mejores. 

Os echo de menos, vosotros sabéis quiénes sois.

Un abrazo desde el otro lado del mundo,

L.

PD:  

No hay comentarios:

Publicar un comentario